lunes, 24 de diciembre de 2007

LA GRAN SANGRE LA PELÍCULA

Redactor: Jorge Villacorta Santamato
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Es una película maravillosa porque:

Me gustó muchísimo “La Gran Sangre: La Película” [dirigida por Jorge Carmona, con guión de Aldo Miyashiro] . Es una película sofisticada, sumamente inteligente. Con seguridad absoluta, el filme nacional más importante producido por nuestra cinematografía en los últimos cinco años.

Las razones para ocupar tan extraordinario lugar:

1.- La importancia mundial de su tema: El combate al narcotráfico. Si hemos de creer a autores de todo color político, la importancia geoestratégica del control del flujo de las drogas ilegales es indiscutible. La sola elección de esta temática sitúa a “La Gran Sangre: La Película”, al nivel de filmes como “Miami Vice: La Película” (dirigida por Michael Mann), “La Conexión Francesa: Contra el imperio de la droga” (dirigida por William Friedkin) [ganadora del Oscar 1971 en las categorías mejor película, director, actor, guión adaptado, montaje y con postulación a mejor actor de reparto], “Arma Mortal” (dirigida por Richard Donner), “El Año del Dragón” [dirigida por Michael Cimino, guión de Oliver Stone] o “Caracortada” [versión dirigida por Brian De Palma, guión de Oliver Stone].

2.- Su actitud post-moderna: Como propuesta cinematográfica recicla el género de acción de la cultura de masas foránea contemporánea y la presenta evidentemente como reciclaje, es decir, plantea una autoconciencia del medio que abiertamente asume la representación como juego, como alejamiento de la vivencia directa y recreación de lo que fue o pudo haber sido. Y sitúa su discurso al nivel del consumidor poco especializado, del espectador que se maravilla de las imágenes cinematográficas por la inmediatez de su percepción, más allá de una valoración sostenida en una formación artística, supuestamente, básica.

Es decir, subvierte el esteticismo propio de las producciones estadounidenses con presupuestos de decenas de millones de dólares, en situación de dominio absoluto del mercado local, con la mayor tranquilidad y orgullo, con la conciencia tranquila. Y aún hace hincapié, con su lenguaje cinematográfico aparentemente errático y decididamente farsesco, de la conciencia de su propuesta postmoderna.

Tanto es así, que podemos observar a los semi-héroes de La Gran Sangre descender de un camión cargado con cajones conteniendo frutas, o disfrutar de la emoción una persecución automovilística mientras se realiza el consumo de alimentos en una carretilla en la vía pública. Esta actitud neo-realista, que se debate entre el documental, el estudio antropológico y las exigencias de una producción dirigida a generar ganancias, sólo la podemos encontrar en otro extraordinario cineasta peruano adelantado a su tiempo: Luis Llosa Urquidi.

Jorge Carmona, como Luis Llosa, también está destinado a conquistar Hollywood, y con la misma actitud postmoderna, a no ceder a los encantos de la industria estadounidense del cine. Recordemos “Misión En Los Andes” con su escena de velatorio de corte antropológico... ¿hay alguna diferencia con los toques sociológicos de La Gran Sangre: La Película? Evidentemente que coinciden ambas situaciones.

Ya tocará que los maestros del cine estadounidense imiten a las películas de Jorge Carmona, tal como hiciera el ganador del Oscar Martin Scorsese (2007) cuando plagió, como apasionado amante del buen cine, parte del reparto de “El Especialista” (1994) en su filme “Casino” (1995) para recrear momentos del filme dirigido por nuestro compatriota Luis Llosa.

¿Recuedan los lectores relación entre los personajes de “El Especialista” May Munro / Adrian Hastings [excelente Sharon Stone] y Ned Trent [sobresaliente James Woods]? Pues Martin Scorsese la reproduce a su manera, incluyendo a un tercero celoso (en este caso Robert De Niro [Sam ‘Ace’ Rothstein] en lugar de Silvester Stallone [Ray Quick]), en “Casino”, con Sharon Stone y James Woods como Ginger McKenna y Lester Diamond respectivamente.

[Note el atento lector cómo las consonantes sucesivas a la R(ay) y Q(uick) son S(am) y R(othstein)].

Además, Scorsese nos brinda dos indicios más. Ray Quick utiliza unos anteojos grandes al colocar un explosivo cuando está sentado en su mesa de trabajo. Al final de "Casino", Sam Rothstein tiene unos lentes muy grandes y lo vemos sentado frente a su mesa de trabajo, mientras hace cálculos. Martin Scorsese justifica los lentes de Rothstein indicando que son un broma personal relacionada con un ejecutivo del estudio que financia la película. Tenemos que desconfiar de un amante de lo visual como el director estadounidense.

Un último dato. “El Especialista” es reconocida por sus espectaculares explosiones, que incluyen a un conductor que sale despedido por el aire cuando una bomba explosiona bajo su asiento. ¿Cómo se inicia “Casino”? Comienza cuando Sam Rothstein sube a su auto, y al encenderlo ocurre una explosión. ¿Sale despedido por el aire? Sólo lo sabemos durante el transcurso de la película, pero los créditos iniciales lo muestran en silueta surcando el aire por la fuerza de la detonación. Evidentemente Scorsese estaba encandilado con “El Especialista”.

Aún Steven Spielberg tuvo que colgarse del talento de nuestro compatriota cuando recreó, en “La Guerra de los Mundos” bajo la forma de un tentáculo extraterrestre con un ojo, las fabulosas anacondas del filme “Anaconda”. Naturalmente, se puede argumentar que lo tomó de “El Secreto del Abismo” (dirigida por James Cameron), en que aparece un tentáculo de agua, pero por su espíritu, lo emparentamos con “Anaconda”. Como este texto es solamente un referente para que comprendamos la calidad de los cineastas nacionales y de las alturas que deparan a Jorge Carmona, tenemos que detenernos aquí.

Queda claro pues, que “La Gran Sangre: La Película” mantiene una actitud post-moderna con antecedentes claros entre los cineastas peruanos y cuyo caso paradigmático es Luis Llosa.

3.- La Forma del Filme: La genialidad de los autores de esta obra y de la calidad de su director, Jorge Carmona, quedan explícitos en la forma del filme.

3.A. Una de las escenas más aterradoras filmadas en el cine nacional en el último lustro, es la lucha cuerpo a cuerpo desarrollada por los personajes “Althea” (colosal Melania Urbina) y “Géminis” (terrorífica Carolina Pampillo).

Primero, porque se hace uso de un montaje muy original ausente antes y después. Se comprende la sabiduría de esta decisión por cuanto el impacto de la escena es mayor ante un ritmo pausado y porque una película que contuviera tanta tensión como aquella trifulca, sería insoportable para el espectador promedio y el producto final caería en el segmento del cine “gore”.

Segundo, aunque la riña está corografeada, la inmediatez y crudeza del desarrollo de la acción tiñe de repulsión la pantalla. Es uno de los momentos de la película, en que se percibe los abismos de odio en los que puede perderse el alma humana. Si Jorge Carmona decide dedicarse al cine de horror, revolucionará el producción mundial. Mientras “Mandril” (convincente Pietro Sibille) y “Santos” (sobrio Sergio Galliani) combaten como si estuvieran en un torneo deportivo, la lucha entre “Althea” y “Géminis” transmite lo desagradable y perturbador que son los sentimientos de mala entraña. Esto en parte, por el aura de pelea callejera que rodea la interacción.

Tercero, las actuaciones son de las más destacadas de la película. Mientras la expresividad de los personajes varones es de corte infantil, ligero, irresponsable y amiguero durante todo el metraje, aún en los momentos que podrían considerarse más dramáticos, en esta escena se percibe un odio y disgusto bastante real y sostenido entre “Althea” y “Géminis”. Como la temática central son unos celos manifestados en interacción física brutal, cada movimiento está cargado de intención y, por tanto, de significado. Mientras todo lo demás en la película está tratado como cliché, farsescamente, consecuencia del contacto de los actores con el mundo del desarrollo marcial de modo indirecto, lejano, a través de los medios comunicación, los celos pueden ser una vivencia femenina cotidiana, experimentada, sentida, recordada y reproducida. Es esta realidad del universo femenino la que se exhibe en la pantalla.

Adicionalmente, es reconocible el entrenamiento físico al que las actrices se han sometido, con una cierta combinación de dieta estricta que es inexistente en los personajes varones. Esta ausencia de partes fofas transmite una naturaleza reptiloide (por la apariencia) y torturada (tal vez por el hambre) y dinámica (gracias al ejercicio) única en toda la narración. Tal vez lo único que se les asemeje en intensidad dramática sea la presencia de las dos oficiales de la policía “Agente Cuarenta Y Ocho” y “Agente Veintitrés”, que aparecen intermitentemente. Con su delgadez, su rigidez expresiva y su vestimenta negra (cuando aparecen disparando, como siamesas danzando), recuerdan al escalofriante engendro de la película “Alien. El Octavo Pasajero” (dirigida por Ridley Scott).

3.B. Otra característica formal del filme destacada es el uso de unos muy bien elaborados dibujos animados. El momento de su inserción nos permite participar del carácter plástico de la acción de corte fantástico en la que los personajes realizan acciones cotidianamente entendidas como sobrehumanas o simplemente extraordinarias. Esta opción narrativa (aplicada por ejemplo por Oliver Stone en su “Asesinos Por Naturaleza”) (con historia original de Quentin Tarantino), nos revela más allá del entretenimiento, la características de la fuga psicológica producida por los momentos de tensión insoportables o el miedo irrefrenable al daño físico que ocurren ante la amenaza inminente. Este comentario, presente en el filme [de modo consciente o intuitivo], evidencia la comprensión del entretenimiento moderno como fuga psicológica [y también el entretenimiento del pasado]. Se resalta la imposibilidad de la historia, su improbabilidad y la necesidad de renovar la esperanza ante situaciones al parecer irresolubles. Propone aspirar a una solución superior, más allá del mundo inmediato. Plantea invocar los poderes de nuestra mente, de nuestro inconsciente, para revelar nuestro potencial creador oculto.

Esta sola solución formal eleva a “La Gran Sangre: La Película” al nivel de tratado filosófico práctico contemporáneo. Si se nos escapa el mensaje y creemos que es una carencia de producción, de financiamiento, de recursos técnicos, si abogamos por “El Hombre Araña” (1, 2 y 3) [dirigidas por Sam Raimi], probablemente tenemos algún interés particular. “El Hombre Araña” es deudora de “La Gran Sangre: La Película”. Un profesional de la crítica, un burócrata del pensamiento (actividad muy loable por cierto), podría pretender descalificar esta opción filosófica narrativa que muestra de modo concreto, lo que el crítico tendría que explicar en varios artículos. Luego de ver “La Gran Sangre: La Película”, es posible comprender cómo Peter Parker se convierte en “El Hombre Araña”, después de recibir alguna humillación particularmente dolorosa o cuando existe un peligro inminente pretendidamente insuperable. Es decir, “El Hombre Araña” es la personalidad manifestada durante la fuga psicológica de Peter Parker. El error formal narrativo del cine estadounidense en general (en su fase más industrial), es tratar los dos momentos, el de ensueño y el de realidad, exactamente de la misma manera. Sam Raimi desfallece antes de entender que todo lo que realiza la otra personalidad de Peter Parker sucede en la mente del joven sobrepasado por las circunstancias contemporáneas. Jorge Carmona lo comprende perfectamente. Y lo añade a su obra. Y nos lo trasmite. Y como público privilegiado, se lo agradecemos y vamos a ver la película más de una vez. Nosotros, en el Perú, aprendemos a diferenciar las cualidades particulares de lo real y de lo fantástico de modo consciente a través de esta obra de arte.

3.C. Entre otras características formales habría que resaltar la capacidad de síntesis visual magistralmente utilizada, que recurre al escenario inmediatamente significativo tal como el puerto, la selva, los techos, el interior del avión, que por su reconocimiento directo como elementos del género de acción connotan instantáneamente la aventura vivida por los personajes y nos facilitan el disfrute a los espectadores.

Una análisis más detenido sobre todas las bondades de “La Gran Sangre: La Película” exigiría un libro, por breve que fuera, antes que una reseña como la presente. Y también, que se ponga en venta el DVD del filme (con bastante información adicional por favor) [esencial en el DVD es el comentario del director, recuérdenlo).

Como conclusión, indico que una exégesis apropiada de este maravilloso producto audiovisual y fenómeno social que es “La Gran Sangre: La Película” es, naturalmente, una necesidad y habremos de disfrutarla cuando esté al alcance del público.

Jorge Luis Villacorta Santamato