jueves, 21 de febrero de 2008

CLOVERFIELD : MONSTRUO (CLOVERFIELD)

¡¡¡UN REGISTRO EN VÍDEO EN CALLES DE MANHATTAN DEVIENE SECRETO DE ESTADO ESTADOUNIDENSE!!!

RESUMEN: “Hud” (T. J. Miller), un joven con mucha imaginación, es invitado a registrar una despedida sorpresa para su mejor amigo Rob Hawkins (Michael Stahl-David), que viaja a Japón. “Hud” durante la celebración observa a Marlena (Lyzzy Caplan), por la que muestra interés. Se desatan unos siniestros espectaculares en las calles y “Hud” se mantiene registrando imágenes del desastre misterioso, que continúa, mientras la población de Manhattan intenta huir de la ciudad.

Esta es una película maravillosa porque:

1) El manejo de cámara me parece estupendo. Posee toda la vitalidad de las tomas de vídeo casero.

2) Me subyuga la pasión que muestra el director por la supuesta captación “directa” de la realidad mediante el aparato conocido como cámara de vídeo. Su interés por el realismo, de corte fantástico en su historia, muestra que el “neorrealismo”, como corriente cinematográfica, puede reinventarse cada día.

3) Me extasía el despliegue de efectos especiales. En esta película, la dificultad de superponer imágenes (digitales o de otro tipo) al bamboleo de la (supuesta) cámara de vídeo es superada tan ampliamente, que me deja boquiabierto de admiración.

4) Que la “realidad” captada por una cámara de vídeo doméstica sea tan atractiva como imagen visual, me indica que basta con documentar la propia existencia, para obtener una película excelente. Es el triunfo de lo cotidiano sobre lo fantástico presente en las historias de ficción.

Por otro lado, la definición de lo “monstruoso” se transforma en materia de debate ideológico porque ¿bajo qué parámetros es “monstruoso” el ser retratado en “Cloverfield”? Yo puedo salir a la calle con una cámara de vídeo y sentir el mismo estremecimiento o mayor, al retratar a los seres que pululan por las calles de la ciudad en la que habito.

Cloverfield plantea la necesidad de repensar la realidad desde la perspectiva de la participación política ciudadana. ¿Hay que dejar la definición de lo que constituye un “monstruo” a los cineastas?... o... ¿debe definirse por medios “democráticos” lo que es un “monstruo” (por ejemplo mediante votación secreta y universal)?

El desarrollo de la tecnología coloca en entredicho el balance actual del poder político. “Cloverfield” intenta absorber en la ideología de la industria de cine estadounidense la capacidad del retrato de la “realidad” por las cámaras de vídeo domésticas mediante imágenes supuestamente espectaculares de alta dificultad de producción (o de obtención casual), pero la naturaleza misma del medio (la cámara de vídeo) y su democratización, definen en la práctica, que sólo cierto tipo de imágenes cumplen con los requisitos de lo cotidiano y de la presencia de lo monstruoso en lo cotidiano.

Lo que se aprecia en “Clovenfield: Monstruo”, se aleja de la pureza del estilo casero del vídeo doméstico. Reduce al espectador a la participación propia de los juegos de vídeo, en los cuales es posible apreciar un sinnúmero de imágenes muy estilizadas e inusuales, sin el esfuerzo propio de su vivencia en la realidad tridimensional.

Desde un punto de vista materialista, para que una forma de representación pase por ser la “real”, debe ser apoyada por una clase social o grupo con suficiente poder político como para volverla general. Mientras el “realismo” de los artistas del Renacimiento era el monopolio sobre una técnica de representación (susceptible de ser aprendida), la narrativa de la industria estadounidense del cine es el monopolio sobre los medios de producción industrial de cine, que requiere estandarización de contenidos (de allí la existencia de los “géneros cinematográficos”, una de la ficciones ideológicas más divertidas en el mundo contemporáneo). “Cloverfield” es el intento, por parte de la dirigencia de la industria, de crear consenso entre los espectadores con el uso que la propiedad capitalista realiza de los medios de producción. Por esto, se apela a los recursos materiales de la superproducción presentados con el formato de la “humildad” del propietario de objetos de consumo individual (como por ejemplo, la cámara de vídeo). Es decir, se intenta un compromiso irrealizable. En este sentido, “El Proyecto de la Bruja de Blair”, como contenido es más propio de los medios materiales de que dispone. Allí hay un encuentro aceptable (desde un punto de vista político materialista), entre la forma narrativa y la anécdota que desarrolla, aunque caiga en la evasión típica de los temas fílmicos.

5) Desde un punto de vista idealista, el camarógrafo que registra todas las imágenes de la película, hubiese tenido muchísima mejor suerte (por ejemplo, estar en otro lugar para retratar imágenes más bellas) si su vibración hubiese sido más elevada. Por tanto, recomendamos a los espectadores que mediten bien si desean ver esta película de desastres antes de ir a verla. Tal vez les iría mejor vibracionalmente si fueran a ver una comedia. De todos modos, si van a ver “Cloverfield”, sepan que me gustó bastante.

6) Me parece muy gracioso que una filmación casera devenga “secreto de estado”.

7) Los créditos finales proporcionan una información entretenidísima, lo cual aporta más diversión a la película. La composición musical que acompaña al texto que muestra la estructura de la producción del filme es majestuoso. Le estoy muy agradecido al multicine "Cine Star" de Breña por proyectar esa parte tan interesante de la cinta de modo completo en su "Sala 6" en la función del Martes 19 de Febrero de 2008 que comenzó a las 7:15 p.m. .

Rob Hawkins (Michael Stahl-David) y Marlena (Lyzzy Caplan) se muestran aterrorizados frente a la posibilidad de volverse alimento de unos bichos raros (del tamaño de un perro grande) en el metro de Manhattan.

(Marlena (Lyzzy Caplan), luego de sufrir una mordida de un bicho raro en el metro de Manhattan, comienza a sangrar profusa e incontrolablemente.
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