viernes, 7 de octubre de 2011

SIN ESCAPE / SIN SALIDA (ABDUCTION)

¡EL ASESINATO ES NECESARIO PARA PROTEGER LA HERENCIA IMPERIALISTA ESTADOUNIDENSE!.
MURDER IS NEEDED TO PROTECT THE AMERICAN IMPERIALIST HERITAGE!.

[Este texto ha sido bendecido oficialmente, con mucho afecto y una
amplia y carismática sonrisa, por
el Secretario General Emperador del
Partido Marxista-Leninista-Paris Hilton luego de su censura.
Advertencia: Este partido político es una secta.
Descargo: La burguesía es una clase social sectaria.]


Esta película es maravillosa porque:
This movie es wonderful because:

1) Indica claramente que los Estados Unidos de Norteamérica no acatan los Convenios de Ginebra y que se sienten orgullosos de permitirse asesinar mujeres y niños.

2) Al ser el cine una herramienta educativa demuestra que la mentalidad imperialista y asesina se enseña.

3) Deja en alto, por contraste, el anhelo de armonía social que poseen los filmes de DON LEÓNIDAS ZEGARRA UCEDA.


Alineación al centro
MEJORES ESTRENOS 2011 (BEST MOVIES 2011 IN PERU) .

Título: REINA O PEÓN?: CIA: MITOS Y REALIDADES. Autor: FIÓDOR SERGUEYEV. Editorial de la Prensa Nóvosti, Moscú, 127 páginas, 1985. Páginas 84-93: "En las cuatro operaciones encubiertas que hemos descrito, la CIA se ajustó - como hemos podido ver - a las exigencias de la política exterior practicadas por la Administración en turno. De modo que los hechos desmienten terminantemente los intentos de afirmar que la CIA es una institución autónoma en EE.UU., institución que funciona a su antojo, como un Estado dentro de otro. También se pone en evidencia el sentido verdadero del mito del "Gobierno Invisible": encubrir el papel que juegan los verdaderos arquitectos de la política de agresiones que son el complejo militar-industrial y los sectores financieros e industriales más reaccionarios. / En el ensayo "L'Empire Américain" el periodista francés Claude Julien - en contraposición a muchos autores occidentales quienes inculcan a la opinión pública la idea de que los presidentes norteamericanos se ven obligados a expiar las arbitrariedades de la CIA - demostró que ésta jamás toma decisiones importantes sin autorización de aquéllos. / El Doctor en Derecho M. Levkov, de Yugoslavia, caracterizó con mucha exactitud las relaciones CIA - Administración: "Es incorrecto afirmar que la CIA es un Gobierno invisible; no es sino una serie de órganos invisibles que, juntos o por separado, actúan en interés de un Gobierno visible, el de EE.UU... El Gobierno dice al mundo hacer una cosa, pero en realidad hace otra, por medio de dichos órganos invisibles que jamás realizan algo contrario a lo que el mismo planifica"./ A este respecto es bastante sintomático que varios directores de la CIA hayan desmentido a menudo - después de dimitidos - el mito que ellos mismos habían propalado. No es difícil comprenderlos. Carecen, prácticamente, de la posibilidad de volver a desempeñar altos cargos y al mismo tiempo no quieren ser chivos expiatorios. Por ejemplo, Allen Dulles dijo después de renunciar: "La CIA nunca lleva a cabo acción alguna de carácter político que no sea autorizada por los altos dirigentes de nuestro Gobierno". Richard Helms, otro ex director de la CIA, manifestó que la CIA nunca ha trabajado ni puede trabajar por su cuenta, pues está al servicio del Gobierno y cumple cuanto éste le manda, subordinándose a él y siendo controlada por él./ Ahora bien, quienes ofrecen información del ambiente internacional y su juicio respecto a unas u otras situaciones críticas que se gestan en el mundo, así como hacen recomendaciones concretas sobre el particular, también sugieren en cierta medida la propia solución de los problemas que surgen. Así, la Administración de EE.UU., al incubar la intervención armada contra Cuba, estimó esa forma de injerencia como la más idónea basándose en los pronósticos políticos hechos por la CIA y creyendo ciegamente que en Cuba "había madurado la rebelión" y que acabar con ella sería más fácil que con Guatemala, como afirmaban los funcionarios de la CIA, cuya seguridad y obstinación no pudieron dejar de influir en la decisión definitiva adoptada a nivel cumbre. Pero la CIA simplemente ajustaba sus criterios y recomendaciones prácticas a los intereses del complejo militar-industrial, que, en última instancia, predeterminaron la estrategia de la aventura anticubana. Esta conclusión no contradice en absoluto al hecho de que las propias propuestas de realizar las mencionadas operaciones encubiertas partieron, fundamentalmente, de la sede de la CIA o de los representantes de ésta en los lugares concretos. No contradice porque se hacían, por lo común, después de que la camarilla gobernante formulara en rasgos generales la tarea referente al país concreto en que EE.UU. tenían intereses. El aparato del servicio de inteligencia siempre ha mostrado una gran aptitud para captar los estados de ánimo de los principales grupos monopolistas. / Que los estados de ánimo de la élite gobernante de EE.UU. se tienen en cuenta en la CIA y gravitan sobre las acciones y los juicios de ésta, se pone de manifiesto en la historia - que ha dejado de ser secreta - referente a la apreciación de los acontecimientos en Irán. Cuando la Casa Blanca fue sorprendida por evidentes testimonios de que el trono del sha se tambaleaba, en Washington estallaron acalorados debates sobre la capacidad de la "comunidad de inteligencia" para cumplir sus funciones en el extranjero. Como se aclaró en el curso de dichos debates, bastaba hacer un análisis objetivo de los datos que el servicio de inteligencia del Departamento de Estado recibía de las fuentes abiertas, para colegir que en Irán estaba gestándose una revolución. Pero, como esa conclusión contradecía los criterios de los sectores influyentes que definían la política de EE.UU. respecto a Irán - la de apoyar el régimen antinacional y antidemocrático del sha -, así como las declaraciones optimistas del Presidente Carter, quien había calificado a Irán como "isla de estabilidad en una de las regiones más intranquilas del mundo", los jefes del servicio de inteligencia del Departamento de Estado prefirieron no hacer caso de los datos de que disponían. Más lejos aún fueron los funcionarios de la CIA, más allegados a la Casa Blanca y mejor informados de la actitud de ésta hacia el sha, "aliado segurísimo en el Oriente Medio, quien en el pasado había mostrado más de una vez una sorprendente habilidad para resolver complicadas situaciones críticas". En agosto de 1977, o sea, pasados ya varios meses desde que en Teherán comenzaron los disturbios populares, informaron a Carter que "el sha será un activo participante de la vida de Irán también en la década del 80", y al cabo de un año sostuvieron que "en Irán no se registraba ninguna situación revolucionaria ni prerrevolucionaria". Tal era el resumen de un documento estrictamente confidencial referente a Irán, que la CIA redactó en agosto de 1978 llenando 23 páginas. Este documento presentado a la Casa Blanca y puesto en conocimiento de las principales figuras de la Administración, comunicaba que "quienes están en oposición - tanto violenta como no violenta - podían sólo crear ciertas inconveniencias, pero no más... Existe descontento con el hecho de que el sha controla el proceso político, pero este descontento no representa amenaza para el Gobierno". La CIA citaba datos obtenidos de los diferentes grupos políticos por canales secretos. La cuestión radicaba en que desde mediados de los años 60, cuando el sha desató cruentas represiones contra sus opositores, los representantes de la Administración de EE.UU. consintieron a sabiendas en interrumpir contactos con todos los grupos de oposición en Irán. Acordaron con el sha que, a cambio de la posibilidad de instalar a lo largo de la frontera iranio-soviética unas cuantas estaciones de seguimiento, EE.UU. recibiría información sobre la situación interna en Irán únicamente de la SAVAK, policía política secreta. Las autoridades norteamericanas estaban tan interesadas en realizar el espionaje contra la URSS desde el territorio de Irán que no se decidían a violar dicho acuerdo, ya que la omnipresente SAVAK podría con facilidad detectar cualquier intento de infiltrarse en los grupos de oposición o de entablar contactos con ellos. La CIA desatendió hasta una advertencia directa hecha por el servicio de inteligencia israelí de que el sha estaba amenazado por unos serios disturbios en el país. En lo que se refiere al servicio de inteligencia del Pentágono, aún el 28 de septiembre de 1978 predijo que el sha podría sostenerse en el poder unos diez años más. / Por supuesto, en todo ello jugaron también cierto papel las "disensiones interdepartamentales" entre los diferentes servicios de inteligencia norteamericanos. Pero la causa fundamental de que se rechazaran conclusiones que parecían obvias, consistió en que no encajaban - la prensa norteamericana ni siquiera cree necesario callarlo - en la estrategia de EE.UU. respecto a Irán al que se atribuía una singular importancia en los planes del complejo militar-industrial. EE.UU. conceptuaba a Irán no sólo como uno de los depósitos mundiales de petróleo; le asignaba también un importante papel político, de carácter doble: ser gendarme respecto a las fuerzas progresistas de la región y servir de plaza de armas para agresiones contra los países vecinos. Precisamente por eso durante tres décadas - bajo el mandato de siete presidentes - fomentó con el sha iranio contactos que, si no implicaron el hundimiento de éste, al menos, fueron agravando cada vez más el problema. / Dejemos aparte el hecho de que EE.UU. derribó al Gobierno constitucional de Irán por medio de un golpe que la CIA organizara en 1953, volviendo a colocar al sha en el trono. Dejemos también aparte el hecho de que EE.UU. adiestró a la policía secreta que arrojó a las cárceles y torturó a muchos miles de patriotas acusados de oponerse al régimen del sha. Por último, dejemos aparte el hecho de que Nixon designó como embajador en Irán al ex director de la CIA Helms * (*En aquél período el jefe de Estación de la CIA en Teherán era Nicholas Natsios. Durante la Segunda Guerra Mundial había cumplido misiones al servicio de inteligencia de EE.UU. en Italia; después de terminada la contienda, en Grecia; luego fue jefe de Estación de la CIA en Seúl, Buenos Aires y La Haya. La presencia en Irán de Helms y Natsios a la vez se calificaba como un extraordinario fortalecimiento de las posiciones de la CIA en el Oriente Medio, lo cual debía permitir a EE.UU. controlar la explotación de los recursos naturales locales, ganar nuevos mercados y tomar bajo su vigilancia el Golfo Pérsico. Al designarse Helms a Teherán, se tomó en consideración también la poca conocidad circunstancia de que conocía bien al sha: a mediados de los años 20 Helms y Mohammed Reza Pahlevi hicieron estudios en un mismo colegio aristocrático en Suiza.). Más siniestro y nefasto por sus consecuencias fue que, satisfaciendo las ilimitadas pretensiones del sha, EE.UU. vendió a Irán de 1950 a 1977 armas y material de guerra por 20 mil millones de dólares. Fue suministrando al sha lo mejor que había en el arsenal militar norteamericano. Además, como los iranios no podían manejar ellos mismos armas modernas tan complejas, Washington envió a Irán más de 40 mil técnicos y convirtió este país en una base militar suya. En resumen, Irán iba integrándose a ritmo acelerado - en lo económico, lo político y lo militar - al sistema de la estrategia global del imperialismo norteamericano. Cortar el nudo gordiano de los estrechísimos vínculos de EE.UU. con el sha hubiera sido demasiado doloroso, y las alternativas al gobierno del sha parecían tan horribles que era imposible siquiera pensar en ellas, escribía la prensa norteamericana. Precisamente por eso los sectores gobernantes de EE.UU. no querían cambiar de rumbo en su política y ajustarla a las realidades. Sabiéndolo, los dirigentes de la "comunidad de inteligencia" se atuvieron a la "línea general" respecto a Irán y procuraron ajustar a ésta sus conclusiones al apreciar la realidad irania en el período anterior a la caída del sha. En otros términos, lo que se deseaba se hacía pasar por lo real. Como señaló el "Newsweek", la política de apoyo al Gobierno del sha gravitaba sobre el análisis de los datos de inteligencia e impulsaba a los funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y la CIA a subestimar la vulnerabilidad del sha. Con más claridad aún se manifestó sobre el particular el jefe de la sección irania en la CIA de 1986 a 1973 * (*Cuando en 1973 redactó un informe sobre la situación en Irán, demostrando en 120 páginas que el poder del sha se estaba tambaleando, de este documento dejaron sólo 2 páginas. Al poco tiempo le obligaron a abandonar la CIA.). Dijo que los problemas que el servicio secreto norteamericano tenía en Irán eran sintomáticos: en este país y en otras regiones del mundo la CIA cometía crasos errores por secundar la política oficial de EE.UU. / El 9 de noviembre de 1978 el "New York Times" informó que en los medios de inteligencia de EE.UU. se acusaba al director de la CIA almirante Turner de tergiversar ex profeso las apreciaciones que se le proporcionaban, al objeto de amoldarlas a la política exterior del Presidente Carter. Según el diario, en varios casos Turner "había propuesto redactar de nuevo las partes de inteligencia o lo había hecho él mismo, despachándolos luego a quienes se destinaban ... o los devolvía a sus autores haciendo a los demás participantes de este proceso aceptar otras variantes de apreciación". / El "Time" comunicó el 10 de agosto de 1981 que en la CIA se libraba una lucha entre los partidarios de dos concepciones: unos abogaban por concentrar los esfuerzos en recoger meramente los datos de inteligencia y en analizarlos sin atenerse a la política oficial; otros, por que la CIA amoldase sus criterios a las decisiones del Presidente. Alegó el siguiente hecho: el director de la CIA ordenó redactar de nuevo un informe que habían presentado sus funcionarios, sobre terrorismo internacional, porque no comprobaba el rol que éste - según estaban seguros en la Casa Blanca - jugaba la URSS. / Raúl Roa, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, caracterizó muy certeramente las bases en que se asienta la alianza de los monopolios, el Estado y el servicio de inteligencia de EE.UU. En un discurso que pronunció en la reunión del Comité Político Especial de las Naciones Unidas se refirió a la intervención norteamericana en la Isla de la Libertad. Subrayó que la Administración y el Presidente de EE.UU. habían actuado instigados por los monopolios ansiosos de recuperar las riquezas de Cuba y otra vez reducirla a la condición de su satélite. / Naturalmente, la cuestión de lo controlable o lo incontrolable que es la CIA, esa fuerza que en nada tiene reparos y no menosprecia ningún método, resulta ser bastante intrincada. En el libro de Eugene McCarthy "The Limits of Power", el capítulo en que este autor examina el papel de la CIA en la conformación y materialización de la política internacional de EE.UU. se titula "Peón hecho Reina". Demostrando que el problema no consiste tanto en el control administrativo sobre la CIA ni en la dirección eficaz de ésta, cuanto en la responsabilidad constitucional del Congreso (por las acciones de la CIA - Nota de la Red.), McCarthy silenció la siguiente circunstancia: ¿tal vez al Presidente y a los que están detrás de él les conviene la niebla en torno a las actividades de la CIA? / En este sentido es curioso un artículo que para la revista "Nation" escribió Víctor Marchetti, figura muy conocida ahora fuera de EE.UU. Había sido ayudante del subdirector de la CIA y abandonó este cargo por disensiones con sus jefes. Marchetti sostiene que el papel que la CIA desempeña en la política estatal de EE.UU. y la propia institución de que nos ocupamos están envueltos en secreto adrede y sobre el particular se cultivan deliberadamente distintos conceptos falsos, como el muy arraigado de que la CIA es, en primer término, suministradora de información de inteligencia. Para darse cuenta de la condición real de la CIA y del lugar que ocupa en el sistema de dirección política nacional, señala Marchetti, hace falta rechazar todos los mitos y ver las fuentes del poderío que tiene y del apoyo con que cuenta. La CIA no es una equivocación romántica de la Administración de EE.UU. Representa justamente lo que los sectores gobernantes desearon tener: un mecanismo oculto mediante el cual pueden interceder en el estado de cosas en otros países, lo cual se logra a través de las operaciones encubiertas que se realizan en apoyo de una u otra acción política internacional de EE.UU. No es casual que hasta hace poco casi el 75% del presupuesto de la CIA se gastaba en esas operaciones. Marchetti subrayó que la CIA siempre obra con el beneplácito y bajo la dirección del Presidente y del Consejo de Seguridad Nacional. Al preparar una operación, toma en consideración, en primer término, los intereses concretos de los sectores gobernantes, y la opinión que de la misma tienen los líderes del Congreso. Los dirigentes de la CIA muestran la máxima escrupulosidad al concordar una u otra acción, pero, una vez obtenida la autorización, actúan enérgicamente, pues, seguros del apoyo tácito del Presidente y de los líderes del Congreso, piensan que la responsabilidad pública por el fracaso que pueden sufrir no les pesará demasiado. / Así pues, al analizar de modo objetivo varias publicaciones, se puede, pese a los diversos medios de camuflaje, entrever y comprender el papel que realmente cumple la CIA en el sistema del mecanismo estatal de EE.UU.: el de un instrumento dócil de la sucia política del gran business y de quienes en el aparato gubernamental de este país están comprometidos al máximo con el complejo militar-industrial".

jorgevillacortasantamato.blogspot.com